En una calle tranquila del centro de Noia, donde el tiempo avanza más despacio y todo queda a mano, este edificio ha sabido adaptarse a cada etapa sin perder su esencia. Abajo, un espacio abierto, lleno de luz, que espera un nuevo comienzo: un proyecto, un negocio, una idea que aún no existe pero que ya tiene su lugar reservado.
En la primera planta, las puertas se abren cada día para recibir a personas que llegan con ilusión. Maletas, risas, desayunos tranquilos y balcones desde los que se mira el pueblo como lo haría alguien que ya se siente en casa. Es una vivienda que ya funciona, que ya acoge, que ya genera recuerdos.
Arriba, el dúplex espera. No con prisas, sino con paciencia. Le faltan pequeños detalles, como a las historias importantes antes de terminarse de escribir. Puede ser el refugio de alguien que decide quedarse o el hogar temporal de quienes buscan descubrir Noia desde dentro.
Esta propiedad no es solo una inversión. Es una oportunidad para continuar una historia, para dar uso a cada planta, para unir vida, rentabilidad y futuro en un mismo lugar.
Un edificio pensado para quien entiende que las buenas propiedades no solo se compran: se viven.
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